Entrevista con Álvaro Campos Celador, profesor de Ingeniería Energética en la Universidad del País Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea

El debate sobre la transición energética ha cobrado fuerza tanto en la agenda política como en la opinión pública. Pero, ¿quién define esa transición y a qué intereses responde?

Álvaro Campos Celador, profesor en la Escuela de Ingeniería de Bilbao (UPV/EHU) y miembro del grupo de investigación ENEDI (Energética en la Edificación), abordó estas cuestiones en una charla reciente en Sopuerta, organizada por la asociación vecinal Enkarterri Bizirk Elkartea, a la que asistieron más de 35 personas.

Bajo el título Análisis de la transición energética corporativa”, Campos ofreció una mirada crítica al papel de las grandes empresas en el actual modelo energético y alertó sobre los impactos reales de este proceso en entornos naturales como Alén y Ubieta.

En esta entrevista, responde a cinco preguntas clave que resumen los principales ejes de su intervención.


1. ¿Cómo se puede garantizar una transición energética justa que atienda tanto a las comunidades locales como a los desafíos globales del cambio climático?

“La planificación debe realizarse desde el lado de la demanda, no desde la oferta. Esto obliga a mover el foco a lo local”

La transición tecnológica hacia fuentes renovables exige cambios profundos en nuestra forma de relacionarnos con la energía. Pasar de un mix fósil a uno renovable conlleva importantes necesidades materiales y una menor disponibilidad energética, por la propia naturaleza de los flujos renovables.

Estas son las reglas del juego desde las que debe partir cualquier debate o planificación. Sin embargo, están ausentes del debate público actual. La planificación debe diferenciarse completamente del enfoque propuesto en el PTS de Energías Renovables, partiendo de identificar y localizar los usos energéticos actuales y priorizarlos para decidir qué infraestructura es necesaria.

En un escenario de recursos, energía y territorio limitados, la planificación debe partir de la demanda y no de la oferta. Esto obliga a desplazar el foco hacia lo local.


2. ¿Qué papel deberían jugar los gobiernos locales y regionales frente al poder de las grandes compañías energéticas en el diseño de modelos sostenibles?

“La generación de beneficio no puede ser el elemento tractor de la transición”

Es necesario desarrollar una planificación alternativa que cuestione el protagonismo absoluto del capital privado. Aunque la capacidad de inversión pública está limitada por décadas de privatización, aún existe cierto margen que debe orientarse hacia caminos alternativos.

La inversión privada puede participar, pero bajo reglas de juego que beneficien al conjunto de la ciudadanía y protejan los bienes comunes clave en la transición ecosocial. Si la generación de beneficios sigue siendo el motor de esta transformación, el resultado será el que ya conocemos.


3. ¿Qué ejemplos existen, a nivel global y local, de soluciones energéticas que equilibren sostenibilidad, justicia social y necesidades reales de la población?

“Es más transformador preguntarnos cómo vivir con menos que simplemente producir energía de forma diferente”

Desde lo local, ya existen iniciativas que buscan cubrir necesidades energéticas sin depender de la lógica del mercado, o al menos sin ponerla en el centro. Sin embargo, su número y escala son aún reducidos. En gran parte, esto se debe a que el régimen fósil nos ha convertido en sujetos pasivos, meros consumidores acríticos.

A día de hoy, muchas comunidades energéticas están naciendo en pueblos con el objetivo de aprovechar flujos renovables para cubrir necesidades, no para generar beneficios. Pero no se puede perder la perspectiva internacionalista: las tecnologías renovables industriales, aunque se implementen bajo otras lógicas, tienen fuertes impactos en las zonas de extracción, que muchas veces olvidamos.

Existen soluciones tanto desde la oferta (producción de energía) como desde la demanda (consumo). Hoy en día se hace mucho en el primer eje y muy poco en el segundo. Pero quizás sea más transformador pensar en cómo vivir con menos que solo cambiar la forma de producir energía. Muchas de estas alternativas tienen una dimensión social: compartir recursos y prescindir de consumos superfluos.


4. ¿Cree que es necesario cambiar el paradigma actual del modelo energético para avanzar hacia una transición verdaderamente equitativa y sostenible?

“Los actuales niveles de consumo y las aspiraciones de crecimiento hacen la transición simple y llanamente imposible”

Hay que tomar conciencia de que consumir energía tiene un impacto. En el contexto actual, mantener los niveles de consumo y las aspiraciones de crecimiento de estados y empresas dentro de un modelo renovable es inviable.

La descarbonización debe ir acompañada de un proceso de desmaterialización. Esto requiere una nueva cultura energética, que transforme profundamente nuestras formas de habitar el planeta y de organizar los procesos sociales.


5. ¿Cómo pueden abordarse desde los territorios alternativas frente a los conflictos generados por los megaproyectos energéticos?

“El conflicto debe ayudar a despertar a una sociedad dormida por el somnífero del petróleo barato”

El conflicto puede ser una oportunidad única para colocar la cuestión energética en el centro del debate público. Pero debe hacerse con rigor, abordando todas las complejidades que implica.

La precondición es entender que descarbonizarse implica cambiarlo todo. El conflicto debe contribuir a despertar a una sociedad adormecida durante décadas por el petróleo barato. Ese despertar debe llevarnos a cuestionar qué podemos hacer no solo en lo individual, sino sobre todo en lo comunitario y político.

No podemos seguir asociando el bienestar con un consumo energético desbordado. Es hora de imaginar formas de buenvivir más allá de la lógica consumista.


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